Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación”
Hechos 17:26
Dios es el autor de las naciones. Él es también el que determina la historia y es el Juez de todo pueblo determinando el tiempo en que cada grupo o pueblo controle cierta parte del globo terráqueo, el cual él ha creado. Él establece a un grupo y remueve el otro. Algunas veces la razón es bien obvia, pero otras es un misterio total.
Cuando el nivel del pecado cultural se le hace intolerable, la ciudad, o inclusive a veces, toda la civilización, puede colapsar de la noche a la mañana. Sodoma y Gomorra son un ejemplo entre muchos. Algunas veces él usa “desastres naturales” climáticos o geográficos y otras usa invasiones o guerras. Casi sin excepción, la ciudad o cultura en cuestión, ya está muriendo con divisiones internas, corrupción y decadencia moral.
Como lo establece Hechos 17:26, Dios es el que establece los límites o fronteras de los pueblos y las naciones. El ser humano puede, manipular esos límites, y lo ha hecho a través de la historia, pero el decreto de Dios es el que al final prevalece. El flujo y reflujo de los límites viene y se va, de la misma manera como lo hace el ascenso y declive de los pueblos que los habitan. Ningún grupo humano es el original, a menos que vayamos hasta el tiempo del la Torre de Babel en Génesis 11 cuando Dios esparció a los pueblos a través de la tierra. Cuando un grupo humano reclama una tierra, ese reclamo es relativo. “La tierra es del Señor”, dice el Salmo 24:1, y es él que la reparte de una manera temporal conforme el lo permite.
Virtualmente todas las masas de tierra en los últimos mil años fueron “robadas” a otros por algún grupo humano. Bíblicamente, los judíos recibieron una tierra prometida, pero aún esa promesa fue condicionada explícitamente a la obediencia a Dios. Dios deshereda a los pueblos o la tierra “los vomita”, como lo dice la Escritura, cuando los pueblos lo han deshonrado hasta causarle náuseas por medio de la desobediencia. Las cosas que más aceleran ese proceso es el derramamiento de sangre inocente, la adoración a ídolos, corrupción sexual y esclavizar a los pobres.
Todo el problema de inmigración, las guerras por la posesión de tierra o poder político que enfrentan las naciones hoy en diferentes latitudes, está ligado a la respuesta de esos pueblos al Creador y Dueño de la tierra. Este es el verdadero asunto. ¿Responderán los pueblos a Dios en orgullo y desafío o en arrepentimiento?
Por: Dennis Peacocke




0 Responses to “Naciones, fronteras e inmigración”